
Racons Públics - VIDA COTIDIANA
El FAD ha seleccionado este proyecto como finalista del concurso Racons Públics en su quinta convocatoria, el espacio elegido han sido los muros del cementerio del Poble Nou y se quería replantear la relación entre la ciudad de los vivos y los muertos.Todo lo que cuentan a diario los periódicos, la historia toda del "presente momento histórico", no es sino la superficie del mar, una superficie que se hiela y cristaliza en los libros y registros. Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que, como las madréporas suboceánicas, echa las bases sobre las que se alzan los islotes de la Historia. Sobre el silencio augusto, decía, se apoya y vive el sonido, sobre la inmesa humanidad silenciosa se levantan los que meten bulla en la Historia. Esa vida intrahistórica, silenciosa y continua como el fondo mismo del mar, es la sustancia del progreso, la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentida que se suele ir a buscar en el pasado enterrado en libros y papeles y monumentos y piedras.
MIGUEL DE UNAMUNO, En torno al casticismo, 1905
Partimos de ahí y en nuestro proyecto intentamos establecer un dialógo con los vivos, los del otro lado del muro, a través de frases pintadas en tonos malvas que parecen estar en movimiento, como si los allí enterrados nos hablasen y contaran partes de su vida cotidiana; al pasar por ahí y escucharles cada uno de nosotros nos podríamos sentir identificados como parte de esa intrahistoria, esa vida tradicional, que sirve de decorado para la historia de los libros donde solo unos pocos son recordados. El muro dejaría de ser un elemento separador para pasar a ser uno comunicador.
MIGUEL DE UNAMUNO, En torno al casticismo, 1905
Partimos de ahí y en nuestro proyecto intentamos establecer un dialógo con los vivos, los del otro lado del muro, a través de frases pintadas en tonos malvas que parecen estar en movimiento, como si los allí enterrados nos hablasen y contaran partes de su vida cotidiana; al pasar por ahí y escucharles cada uno de nosotros nos podríamos sentir identificados como parte de esa intrahistoria, esa vida tradicional, que sirve de decorado para la historia de los libros donde solo unos pocos son recordados. El muro dejaría de ser un elemento separador para pasar a ser uno comunicador.
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